
La muerte no es un castigo. Y por mucho que se implemente y se justifique no representa una herramienta de justicia.
Saddam Hussein llego al poder a través del partido Bazz, en 1974. Durante la década del ochenta (1980/88) se embarco en una guerra en contra de IRAN, apoyado por las multinacionales petroleras, Estados Unidos, Francia y
Pero su ambición choco contra los intereses americanos cuando invadió Kuwait en el 90´, con intenciones de tomar el control del puerto petrolero de dicha ciudad.
A partir de entonces se volvió el fantasma de la administración de George Bush y de aliado paso repentinamente a ser uno de “los más buscados”.
La obsesión de a familia Bush por el poder del líder árabe los llevaron a inventar las pruebas que ligaban a IRAK con los atentados a las torres gemelas, el asilo a ALQUEDA y la supuesta manufactura de armas nucleares.
La población iraquí muerta desde la ocupación americana supera a los muertos en el brutal atentado de las torres gemelas. La muerte entonces es una carrera para ver quien llega más lejos, quien se esgrime más poderoso y más divino. Quien es dios en esta historia por supuesto siempre tratando de encontrar un demonio acorde a sus intereses.
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