lunes, septiembre 24, 2007

LA TALENTOSA MISERIA

“Me he dañado el corazón de tantos excesos”

La momme, Edith Piaf.


Años de dolor y hambre, noches de orfandad, días de desazón y horas desesperanzadas y, lo único que la pobreza y la humillación no pueden llevarse consigo, enormes cantidades de talento. Es aberrante pensar siquiera que estas patéticas reflexiones sean, en realidad, la formula del éxito. La síntesis de la vida de aquellos privilegiados que nacen con “un don”.

Pero por mounstruoso que sea el apotema su innegable veracidad aflora en cada biografía que se aborde. “La Vie En Rose” no queda afuera de la horrenda aritmética de la indigencia.

La clara voz de la Momme (niña) Piaf (gorrión) es el eslabón que enlaza cada escena con cada presentación no permitiendo al espectador, en lo intrincado del enlazado, distinguir la vida del escenario, la calle del hogar. Pero aun más emocionante que el juego de ir y venir al pasado a través de la música que forma recuerdos, es la maravillosa e inspirada interpretación de Marion Cotlillard.

Una Piaf, jamás erguida sobre sus huesos a causa de una artrosis implacable y temprana; atrofiada, viva; joven y vieja deslumbra en el vaivén de un filme que por momentos asemeja a las piezas del cine mudo clásico.

El inicio, esos treinta segundos de música que terminan en un desmayo en el escenario son como las nubes de una abrumadora lluvia de imágenes y recuerdos, que jamás cansan, que nunca confunden. Que, como las estrofas de la mejor de sus canciones, llevan al espectador a un viaje de ensueño, desdicha y amor.

Una historia contada a fuerza de grises, de incertezas sobre el carácter o las decisiones de personas reales, que supieron hacer de la vida un escenario y del escenario una vida. Edith Piaf, talentosa, insignificante, majestuosa, adicta, solo supo entregarse sin dejar nada para si. En esa entrega, en ese arruinarse del corazón, el alma y el cuerpo, quizás está el último término de la ecuación. La constante que da por resultado el talento. No dejar nada para uno. Vivirlo todo, en un instante, antes de morir. Antes de olvidar, sin que te olviden. Por que no hay éxito sin miseria.



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